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Hacia una cultura ágil

En redes sociales se puede encontrar una amplia oferta de programas de formación en Scrum, Kanban y otros, que ofrecen introducir a las organizaciones en el movimiento ágil. Aunque en muchas empresas empezaron a implementar estas prácticas y marcos de trabajo ágiles la cultura sigue siendo la misma, con lo cual, el impacto de la agilidad se ve limitado al uso de medios, que muchas veces se confunden con fines. Es decir, implementar un marco de trabajo como Scrum en una organización no es un fin sino un medio para facilitar el proceso creativo de cara a satisfacer mejor las necesidades del público al que la empresa decidió atender. 

Existe un movimiento ágil que empieza a recorrer las salas de reuniones de empresas de todo tamaño y sector económico. La idea de agilidad fue iniciativa de un grupo de programadores que buscaban alejarse de los métodos tradicionales para la planificación y diseño de software. Estas ideas se trasladaron hacia otras áreas de gestión. Por ágil entendemos varios principios que buscan por sobre todo la satisfacción del cliente. Sin embargo, la implementación de marcos de trabajo y prácticas ágiles no han logrado siempre los resultados y al contrario se han convertido en proceso burocráticos que no agregan valor. 

Para entrar de lleno en la agilidad es importante el trabajo sobre la cultura organizacional. Los marcos de trabajo ágiles se convierten en medios para lograr como fin la creatividad e innovación que permite satisfacer las necesidades presentes y futuras de los clientes. Sin ese cambio todo lo que haga la empresa queda sujeto a los hábitos de trabajo de sus equipos y por lo tanto corre el riesgo de pronto quedar en el olvido cubierto por las formas tradicionales de gestionar la empresa. 

El mundo recibió con sorpresa e incertidumbre la crisis provocada por el COVID 19.  En muchos casos este suceso aceleró procesos de cambio que estaban planificados para más adelante. Por ejemplo, a las empresas les obligó a trasladar muchos de los procesos a los hogares de sus colaboradores. Un aparatoso cambio que colocó en la palestra el teletrabajo y la necesidad de convertir a los equipos remotos en equipos ágiles.

Adaptarse a los cambios nunca es fácil y  se convierte en un laberinto cuando no partimos de las ideas adecuadas. Los principios con los que se fundó el movimiento están plasmados en el Manifiesto Ágil, que en su parte medular dice que es necesario colocar a las personas por sobre los procesos y las herramientas, con la idea de orientar toda su capacidad a la creación de valor, para lograr ello es vital empezar ya en el desarrollo de una cultura ágil.

De todo esto y mucho más hablaremos durante el programa de Especialistas en Desarrollo de Cultura Organizacional. Conoce más en: https://consultores.udlap.mx/programas/desarrollo-cultural/

Oswaldo Toscano 

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